Fieles al papado

El primado de Pedro significa la primacia otorgada por parte de Jesucristo a este apóstol. De manera clara e inequívoca Cristo decretó la jerarquía apostólica cuando le anunció a Pedro: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Con esta sentencia de parte de Cristo quedó establecida la jerarquía apostólica.

 

El primero de todos es Pedro, Pedro es el primero entre todos los apóstoles. Los obispos son los sucesores légitimos de los apóstoles. Despúes de ellos siguen los presbíteros y finalmente los diáconos. 

 

El Papa es el Vicario de Cristo en la tierra. Vicario significa “el que hace las veces de”. El Papa tiene la gran misión de hacer lo mismo que haría Jesucristo en cada momento, de pensar lo mismo que pensaría Jesús, de callar lo que callaría Cristo y de actuar como lo haría el Maestro, el Señor.

 

Ser fiel al papado es ser fiel a la Iglesia. El papado no es lo mismo a la persona del Papa en turno. Todos los católicos estamos llamados a amar al Papa, a rezar por el Vicario de Cristo y a ser fieles a su misión. La misión del Papa fue también determinada por Jesucristo: “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, el Papa esta llamado a gobernar.

 

El día de la pesca milagrosa después de su resurrección se dirigió a Pedro y le encargó: “apacienta mis ovejas”, por ello también está llamado a santificar a los fieles.

Finalmente Jesús le dijo a Pedro: “tú sígueme”, es decir, se mi Vicario, haz lo que yo hago, obedéceme. Siguiendo los pasos de Cristo el Papa cumple su misión de enseñar, santificar y gobernar.

 

El Papa no está llamado a definir nuevas verdades, está llamado a obedecer la verdad, la única verdad, a obedecer los mandatos y la ley de Cristo el Señor.

Como pesona humana el Papa está sujeto a errores. Por lo tanto la obediencia al Papa está siempre condicionada a que actue, hable, enseñe, gobierne y santifique en fidelidad a la enseñanza de su Señor Jesucristo.

 

El Papa, los obispos, presbíteros y religiosos

El primado de Pedro significa la primacia otorgada por parte de Jesucristo a este apóstol. De manera clara e inequívoca Cristo decretó la jerarquía apostólica cuando le anunció a Pedro: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Con esta sentencia de parte de Cristo quedó establecida la jerarquía apostólica.

 

La jerarquía eclesiástica en la Iglesia tiene tres niveles:

 

En primer lugar los obispos quienes como ya se mencionó son los sucesores legítimos de los apóstoles.  

Los obispos gobiernan un territorio específico el cual se denomina dióscesis.

En los casos de las grandes metrópolis se pueden establecer como arquidiócesis cuando el territorio comprendido requiere que haya alguno o varios obispos auxiliares que colaboren con el obispo de esa ciuidad. En estos casos el obispo principal se denomina Arzobispo.

 

El Papa también es obispo y su dióscesis es Roma. El obipo de Roma preside al cuerpo episcopal en toda la tierra de acuerdo a la tradición y se basa en la misión encomendada al apóstol Pedro por parte de Cristo.

 

Se denominan presbíteros a todos los sacerdotes discesanos. Todas las dióscesis están divididas en parroquias y la cabeza de cada una de ellas es el párroco quien es también presbítero. Los presbíteros dependen directamente del respectivo obispo de su dióscesis.

 

Dentro de la gran mayoría de las dióscesis del mundo trabajan apostolicamente diversas asociaciones religiosas, congregaciones religiosas, asociaciones de vida consagrada, entre otras. Todas ellas están sujetas a la autorización del obispo de la respectiva dióscesis para poder ejercer su carisma en dicho territorio. Los sacerdotes que pertenecen a estas diversas asociaciones se denominan religiosos y de esta manera se diferencian de los presbíteros.

 

Finalmente están los diáconos, única jerarquía que no es de orden sacerdotal. Existen dos tipos de diáconos, los diáconos permanentes quien son laicos formados y nombrados por los obispos para servir a su respectiva dióscesis y están sujetos a la autoridad de algún párroco o directamente del mismo obispo.

El segundo tipo de diaconado se refiere a aquellos que se ordenan como diáconos unas semanas o meses previo a su ordenación sacerdotal.

 

 

Infabilidad Papal

La infalibilidad papal es un dogma católico definido en el Concilio Vaticano I (1870) en la constitución Pastor Aeternus, que afirma que el Papa es infalible cuando habla ex cathedra (desde la cátedra) como pastor supremo de la Iglesia, definiendo solemnemente una doctrina sobre fe o moral para toda la Iglesia, asistido por el Espíritu Santo para evitar el error, sin que esto signifique que no pueda equivocarse en otros temas personales o no dogmáticos. 

Condiciones para la Infalibilidad: El Papa habla como pastor y doctor de todos los cristianos. Ejerce su suprema autoridad apostólica. Define una doctrina sobre fe o costumbres (moral). Declara que debe ser sostenida por toda la Iglesia. Actúa en un acto definitivo.

No es una Revelación Nueva: Confirma la fe tradicional de la Iglesia, no añade nueva revelación. Por lo anterior dicho no puede existir infabilidad cuando alguna afirmación, declaración o documento papal sea contradictorio a la tradición, al magisterio constante milenario o a las sagradas escrituras.

¿Qué Significa y Qué No Significa?

Sí significa: Que el Papa cuenta con una asistencia especial del Espíritu Santo en estos actos solemnes, garantizando que su enseñanza no es errónea.

No significa: Que el Papa sea impecable personalmente, ni que sus opiniones privadas, sus escritos no dogmáticos o sus decisiones políticas sean infalibles. 

Uso del Dogma

Es un recurso muy restrictivo, usado con moderación a lo largo de la historia..

 

 

Pastores y Lobos

En otro lugar de este sitio recordamos las escalofriantes palabras de SS Paulo VI en el año 1972  en la Basílica de san Pedro durante su homilía del 29 del junio de aquel año en la solemnidad de san Pedro y san Pablo alertó el Papa: “por alguna fisura ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios”.

Durante estos poco más de 50 años que han pasado de estas proféticas palabras de SS Paulo VI se han multiplicado las fisuras hasta convertirse en grietas. Muchas de estas grietas se han convertido en boquetes y  muchos de los muros perforados siguen siendo golpeados por mazos de acero que no descansarán hasta verlos derribados.

Una horda de impíos han entrado al templo santo de Dios y quieren derribarlo pero no podrán hacerlo por completo. Sus mentes y sus espíritus están nublados y ofuscados. Satanás mismo los usa y los confunde. Nadie mejor que el diablo, la antigua serpiente, sabe que su guerra contra Dios y su Iglesia está perdida. El demonio sabe que su condena es eterna y por envidia se afana por llevarse todas las almas posibles.

Del otro lado del campo de batalla está el pueblo fiel acompañado por los sacerdotes de María. En ambos lados del campo de batalla encontraremos sacerdotes y obispos, pastores y lobos disfrazados de ovejas. San Pablo nos enseña a diferenciarlos: “Más si aún nosotros, o un angel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”. Gálatas 1,8    

 

 

Jesucristo, Piedra Angular

La Iglesia está “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo la piedra angular Jesucristo” Efesios 2,20. Jesús es el buen pastor y sus ovejas lo conocemos y lo seguimos. Conocemos su voz y sabemos diferenciarlo del asalariado, del embustero, del falsificador.

Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida” Juan 14,6. Él es el único camino para llegar al Padre. ”Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les he mandado” Juan 15,14.

”No todo el que diga Señor Señor entrará al reino de los cielos sino el que cumpla la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Mateo 7,21

En este tiempo ya no podemos quedarnos comodamente escuchando música para nuestros oidos. Somos adultos y responsables de discernir la predicación que escuchamos.

Si en nuestra parroquia predica un sacerdote liberal que predica una doctrina diferente a la que enseña la Iglesia debemos alejarnos y acudir a la parroquia o con el sacerdote que nos enseñe y anuncie la verdad a tiempo y destiempo. Aunque tengamos que trasladarnos más lejos vayamos a parroquias que nos edifican y predican la sana doctrina.

El estudio de la doctrina católica, de los santos, la meditación de la palabra y la oración constante no es un medio opcional de crecimiento espiritual es una necesidad para no perdernos en este tiempo de oscuridad.

Unidos y sostenidos de la Santísima Virgen María y de Jesús Eucaristía navegaremos seguros y llegaremos a buen puerto, a la patria celestial.

 

 

 

 

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